lunes, 18 de octubre de 2010
¿Quién es ese ser extraño, misterioso que camina por este mundo y no pertenece a él; que perdona los pecados y él mismo es pecador; que lleva a Dios las miserias humanas y trae a los hombres las riquezas de Dios; que no es padre natural, según la carne, y puebla el cielo de almas? El, que parece inútil, y sin embargo, el más necesario. Está junto a nosotros cuando nacemos, derramando el agua bautismal; adultos, nos acompaña en la peregrinación de esta vida; moribundos, nos asiste en los últimos momentos de nuestra vida. El sólo da luz, consuelo, esperanza, alegría al corazón. Camina sin hacer ruido por temor a estorbar, mas donde haya una lágrima que enjugar o una herida que curar, él detiene su paso y por encima de la angustia hace que brote un retazo de cielo.
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